Entitats Catalanes de Salut Mental en 1a Persona

Isabel Márquez e Isabel Cabellos, enfermeras del área de salud mental y autoras de “Buenos días, manicomio, ¿dígame?”, nos cuentan el porqué del libro y su visión de la psiquiatría en función de sus más de 30 años de experiencia con usuarios.

Foto: NedEdiciones

-Llama la atención el título del libro ¿Por qué lo habéis elegido?

Isabel Cabellos– El título era todo un símbolo de identificación de lo que eran las plantas del psiquiátrico. El rótulo está relacionado, como se explica en el libro, con una frase célebre popular que se puso de moda en los años 90 y que era de obligado cumplimiento. Esta frase, todo el personal veterano la conoce y la repetía cada vez que sonaba el teléfono de las plantas de agudos de psiquiatría. Formaba parte del protocolo de identificación de la unidad. Por este motivo, todos los profesionales de enfermería que trabajaban allí debían de decir “buenos días manicomio, ¿dígame?”, buenas tardes, si era el turno de tarde y buenas noche si sonaba el turno de noche. Los profesionales de enfermería repetían tantas veces esta frase que cuando sonaba el teléfono en su casa también lo decían.

-¿Por qué os habéis decidido a escribir a este libro?

Isabel Márquez– Es complicado. Un día lo piensas y lo haces. Ves la necesidad de explicar al otro nuestras vivencias y experiencias allí. El hospital es casi nuestra segunda residencia y te das cuenta de que este mundo es muy desconocido para las personas que están fuera de ese entorno. Considerábamos que para poder entenderlo y comprenderlo queríamos plasmar en un libro lo que pasa allí, lo que pasa en una planta de agudos, con rejas, donde la gente no puede salir o no puede hacer llamadas. Desde fuera parece que pasa algo malo dentro y realmente no es así. Todo lo contrario. La gente debe saber que un psiquiátrico es un centro normal con ciertas especificidades, pero que es una planta de hospital como los demás.

-¿Como ha evolucionado la psiquiatría y, en concreto, los centros psiquiátricos en los últimos años?

I.M.-Nosotras hemos vivido una evolución muy grande, porque hemos pasado del manicomio al psiquiátrico, del loco al enfermo mental, de la locura a la enfermedad mental. Después, vivimos lo que es la reclusión a la inserción social. Todo esto puede parecer muy fácil, pero realmente han sido unos avances a pasos agigantados. Después está la profesionalización de la enfermería y de la psiquiatría, y la evolución de los psicofármacos, aunque también se deberían de contemplar otro tipo de medicinas. Otro cambio es la humanización de los cuidados en base a las necesidades que tiene cada persona. Por último, el trabajo en equipo de todos los profesionales sanitarios ha sido otra de las mejoras.

“Vivimos el paso de la reclusión a la inserción social”

¿Qué anécdota destacaríais?

I.M.-Hemos seleccionado algunas respectando la confidencialidad de los pacientes. Yo destaco una sobre una paciente que tenía una larga historia en el centro y que no se adaptaba a las normas. Ella tenía diferentes domicilios a los que se había mudado con el marido a causa de una discapacidad psíquica. Todo era poco a pesar de que los pisos estaban adaptados. Llegó a autolesionarse. Un día, apareció el marido con ella en un taxi para ser ingresada. Al abrir el vehículo el olor que se desprendía era, por decirlo de alguna manera, insoportable, a incinerado. La mujer se había rociado con gasolina, se había prendido fuego en el domicilio a lo bonzo, el marido había apagado las llamas, y había decidido llevarla a un psiquiátrico en lugar de a urgencias hospitalarias. Me hizo pensar hasta qué punto la familia estaba tan sobrepasada que pensó que la atención era más psíquica que física. No se había dado ni cuenta del punto en el que estaba la paciente. La quisieron bajar del coche y la dermis se quedó en el asiento. Indescriptible.

I.C.-Yo he vivido un exorcismo, que en el libro lo explico. Sentía que era la protagonista de una película de terror. Ver allí a un señor obispo abriéndole la puerta y tratándote fatal, diciendo que venía a hacer un exorcismo… yo pensé ¿dónde está la cámara oculta?

-¿Cuál es para vosotras la asignatura pendiente de la psiquiatría?

I.M.-Una de ellas es conseguir un modelo centrado en el paciente, donde no existan las relaciones de poder. Que haya una relación simétrica donde se escuchen sus narrativas y se respeten sus creencias. Porque todo ello hace que pueda haber una alianza terapéutica buena y un mejor éxito en el tratamiento.

“La familia es la gran olvidada de esta historia. No se puede entender a una persona sin su contexto social y familiar”

I.C.-Yo añadiría dos más. Los centros psiquiátricos se han abierto a la sociedad y a la integración del paciente, pero aún quedan rejas y puertas cerradas. La asignatura pendiente podía ser, por un lado, que ninguna unidad necesitara rejas y llaves en las puertas, y que la sensación de guarda y custodia desapareciera. Esto en relación al paciente ingresado y desde la perspectiva del hospital. Y en segundo lugar, y desde la perspectiva de la sociedad, dar especial énfasis a la normalización y prevención de la enfermedad mental. Cuidar la salud mental en los centros de trabajo y prevenir la sintomatología de forma que haya cultura médica de tratarla en los centros ambulatorios. Y a un CSM de la misma manera que vas a un ambulatorio para la población general. En definitiva, detectar el síntoma para que no necesariamente derive en un trastorno mental severo.

I. M.-La familia es la gran olvidada de esta historia y no se puede entender a una persona sin su contexto social y familiar. Por último, la imagen negativa que ofrecen los medios de comunicación.  Hay que luchar mucho para reducir el estigma y en este sentido tenemos que reunirnos todos; familia, profesionales, asociaciones y pacientes para luchar contra el estigma que hay respecto al trastorno mental.